domingo, 26 de octubre de 2008

Winston

 Seguían llegando.

 Era increíble. Winston miraba a su alrededor pero no entendía nada. No podía parar de darle vueltas a la cabeza. ¿Por qué ahora? ¿Por qué aquí?

 La población no paraba de aumentar y la alarma social era ya exagerada. Sin embargo, ninguna de las medidas del gobierno habían conseguido ponerle freno. Winston había oído hablar del increíble aumento de población que tuvo lugar en los países desarrollados entre los años 50 y 70, pero… maldita sea, eso no tenía sentido en pleno 2008. Los ministerios de sanidad y educación de todo el mundo habían invertido millones para conseguir controlar unas cifras de crecimiento que, aún en aquel contexto, resultaban absurdas. Tal vez en países emergentes, cuya economía es lo suficientemente elástica como para admitir un censo continuamente creciente… pero,  ¡en España! Era imposible.

Necesitaba más datos. Se preguntaba si aquello que veían sus ojos que estaba pasando a su alrededor, estaría ocurriendo en todo el país. O quién sabía si en todo el continente…

Winston se había criado en EEUU. Su padre, Philipp, le había llevado a las mejores escuelas, le había rodeado de las mejores amistades. Sin embargo él seguía sintiéndose a mil árticos kilómetros de sus conocidos. Winston era especial. Al contrario que a sus compañeros, nuestro protagonista disfrutaba de la compañía femenina más que de la masculina. Incluso sentía que era mejor aceptado entre sus conocidos homosexuales que en sus círculos habituales. No sentía que pudiera desarrollar su forma de ser en una sociedad como aquella en la que se encontraba. Es por ésto que viajó a Europa y acabó recalando en España.

Winston miraba a su alrededor, intentando concentrarse… Quería encontrar una solución. ¿Por qué ahora? ¿Por qué aquí?

De pronto sonó el teléfono. Miró hacia el cielo como buscando encontrar una respuesta y le vio caer.

¡Bang! Un golpe secó levantó una gran nube de polvo del suelo y Winston quedó desconcertado durante unos segundos. Entonces volvió a abrir los ojos y le vio.

Junto a él yacía, inmóvil, el número 14.

Le ayudó a levantarse. Le miró de arriba a abajo y le abrazó.

-         Bienvenido. Ven conmigo.

-         Eres… eres azul – tartamudeó el recién llegado

-         Sí, soy azul. Como tú… Ven, te presentaré a los demás.


2 comentarios:

Luis dijo...

...explicamelo!!! jajjaja

Luis dijo...

...son malditos cigarrillos????

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